Analogía:
Razonamiento basado en la existencia de atributos semejantes en seres o cosas diferentes.
Y éstas son las mías...

jueves, 15 de febrero de 2018

Con la G, de Gilipollas.


Imagen relacionada¿Alguna vez os habéis sentido como Jon Snow, Uma Thurman o la niña del exorcista? Pues yo sí. 

Y es que hay veces que tengo la sensación de que se alinean los planetas, o si acaso, me han debido de ver cara de retromonguer o de mujer cándida, inocente, cual sumisa ama de casa y empleada por cuenta ajena que no revisa sus facturas porque no le da la vida pa’ más.

Así que como ando aún rumiando con el temita de marras, utilizaré la técnica del gran Goyo Jiménez, y como tal os diré que no lo cuento, lo hago escribo:

viernes, 14 de julio de 2017

Cómo detectar un día de mierda (que podría ser peor).

Resultado de imagen de dia de mierda

Todo empezó la semana pasada, el jueves, concretamente, cuando cayó la hecatombe sobre Madrid convertida en agua, y yo estaba en el gimnasio, subida a la elíptica, deleitándome ante el panorama de ver las Cataratas del Niágara resbalar por los enormes ventanales del edificio. Pensaba en la suerte que había tenido al no haber pillado el tormentón de camino y no haberme mojado.

El deleite me duró poco cuando, al volver a casa, escuché un sonido extraño dentro de mi vehículo. Después, noté, anonadada, (y nunca mejor dicho) cómo se me calaban los pies. Sí, es una sensación extraña. De pronto te mimetizas con Vilma Picapiedra y piensas que lo que tienes no es un coche del 2011 sino un troncomóvil del Pleistoceno. Te entran sudores fríos que se solapan con la humedad de la lluvia y te preguntas si tu coche está para el arrastre porque tiene un boquete en los pies... o vete tú a saber qué. «Verás el rejón que me van a meter en el taller, ¡y encima antes de las vacaciones!», pienso.Tengo el carnet de conducir desde los 19 años y, por cuestiones de autoestima no voy a decir la piara de tiempo que llevo conduciendo, pero sí, son muchos, y con diferentes coches, y os juro que esta es la primera vez que me pasa algo similar.

viernes, 13 de enero de 2017

Telepollo, S.L.


Los que me conocen saben que normalmente "me gasto" bastante carácter, vamos, que no soy de amilanarme a la primera de cambio (pura herencia paterna) y, viendo que está de moda ser emprendedor, he decidido cambiar el chip y actualizar vida, aprovechando los recursos que me ha brindado la madre naturaleza.

Esto viene al caso porque ayer tuve un momento yaya de esos que dejan huella. Fue una de esas veces que te cuestionas que la tecnología está muy bien (y eso que soy bastante hábil en la materia), pero hay días en que echas de menos los procedimientos clásicos de toda la vida. Gestionar cualquier cosa por Internet hoy en día es bastante sencillo, sí, siempre y cuando los que diseñan las páginas Webs no sean unos cachondos y quieran jugar contigo metiéndote en un laberinto virtual.

viernes, 16 de diciembre de 2016

De cómo pasar del glamour a venir de la guerra (en una tarde).



El otro día me invitaron a un evento de esos que solo falta la Preisler con el camarero detrás, ofreciendo canapés en una bandeja. Era la típica gala con suelo de mármol e invitados uniformados de medallas y galones, que les destacan de entre los demás mortales. También había algún que otro turbante y mucho vestido regional de un país lejano, muy lejano, que visité hace un par de años. El caso es que esta era la segunda ocasión que asistía a dicha fiesta, así que con lo que voy a relatar aquí dejo constancia de que no tengo perdón, y que soy bastante más retromonguer de lo que yo pensaba.

Salir de trabajar a las 17:00 y personarse en pleno centro de Madrid a las 19:30, pasando por la ducha, el lavado de cabeza, la vestimenta, el maquillaje, el peinado, las medias rotas, cambiarlas por otras, ponerse los tacones, no olvidarse el foulard, la chaquetilla, el mini bolso, el mini monedero, el mini paraguas (porque el tío Murphy quiere poner su granito de arena, cómo no...), el abrigo y aparcar lo más cerca posible de la boca del Metro para poder llegar a tiempo, debería considerarse deporte de riesgo. Podría haber elegido la “opción princesita”, que era aceptar la propuesta de mi chico: «Si quieres, te llevo y te recojo luego, en coche», pero no, yo, que soy orgullosa y antes-muerta-que-dependiente, le contesto que no, que como es línea directa y no voy a caminar apenas, dejo el coche en el Metro y voy hasta allí a pie.