Analogía:
Razonamiento basado en la existencia de atributos semejantes en seres o cosas diferentes.
Y éstas son las mías...

viernes, 14 de julio de 2017

Cómo detectar un día de mierda (que podría ser peor).

Resultado de imagen de dia de mierda

Todo empezó la semana pasada, el jueves, concretamente, cuando cayó la hecatombe sobre Madrid convertida en agua, y yo estaba en el gimnasio, subida a la elíptica, deleitándome ante el panorama de ver las Cataratas del Niágara resbalar por los enormes ventanales del edificio. Pensaba en la suerte que había tenido al no haber pillado el tormentón de camino y no haberme mojado.

El deleite me duró poco cuando, al volver a casa, escuché un sonido extraño dentro de mi vehículo. Después, noté, anonadada, (y nunca mejor dicho) cómo se me calaban los pies. Sí, es una sensación extraña. De pronto te mimetizas con Vilma Picapiedra y piensas que lo que tienes no es un coche del 2011 sino un troncomóvil del Pleistoceno. Te entran sudores fríos que se solapan con la humedad de la lluvia y te preguntas si tu coche está para el arrastre porque tiene un boquete en los pies... o vete tú a saber qué. «Verás el rejón que me van a meter en el taller, ¡y encima antes de las vacaciones!», pienso.Tengo el carnet de conducir desde los 19 años y, por cuestiones de autoestima no voy a decir la piara de tiempo que llevo conduciendo, pero sí, son muchos, y con diferentes coches, y os juro que esta es la primera vez que me pasa algo similar. 

Llegué a casa, busqué en el todopoderoso San Google, y me di cuenta de que por lo visto es una cosa bastante común, especialmente en determinados modelos de coches. El tema es que se meten las hojitas y ramitas de los pinos por los “respiraderos” que están bajo el parabrisas y van a parar a unos tubos que acaban en V, obstruyendo el vértice y creando un tapón como si fuera un embudo. Claro, me tranquilicé al ver que mal de muchos, consuelo de tontos. Podría ser peor.

El caso es que pedí hora a un taller y, de paso, que me arreglen un bollo de un lateral que pedía a gritos un lifting desde hace varios años. Obviaré contar que al día siguiente volvió a caer la del mundo-mundial y no haré hincapié en describir la sensación de notar cubazos  —a traición— sobre los pies al conducir, emoción nada recomendable para reumáticos y gente cardiaca que se sobresalta en medio de la autopista mientras tratas de no acojonarte para controlar el coche en medio del océano de la M-40.

Llegó el lunes, dejé el coche y, tras cinco días de espera, lo he recogido hoy. Ya feliz por haber recuperado mi vehículo —que no se valora lo que tienes hasta que lo pierdes— vuelvo del taller al trabajo toda satisfecha con mi coche limpito cuando en la primera rotonda escucho de nuevo ese “glu-glu” delator que me alerta de que el agua sigue acumulada como por dentro del salpicadero. «No me jodas», pensé. Y sí, pareció contestarme con un «sí, sí te jodo» porque lo siguiente fueron varios goterones sobre el mismo pie de siempre, concretamente el del acelerador.

Llamo al mecánico de nuevo en pleno estado de “mevoyacagarentodo” y le comento que el tema no está zanjado. Me responde que me manda un mecánico ya mismo para llevárselo y que me llama en cuanto llegue. Respiro hondo y pienso que podría ser peor, que al final lo de dejarlo en un taller de la zona del curro tiene estas ventajas. 

Cuelgo el teléfono y veo un WhatsApp de mi hijo, que anda haciendo un curso de surf, y justo hoy vuelve a casa. por la noche: «Estoy en el médico porque me he dado un golpe muy fuerte en el pie». Horror. Me lo imagino con el pie colgando o incrustado entre las rocas. Le llamo toda nerviosa. No me lo coge. Especulo con mil ideas: una rotura de huesos, otra de ligamentos, un tiburón que le ha devorado las piernas… esas cosas tan placenteras que pensamos las madres cuando liberamos cortisol (la hormona esa del estrés). Al cabo de los tres minutos me devuelve la llamada:
—Que tengo un esguince.
«¿Cómo coño se hace uno un esguince surfeando?», me viene a la cabeza. Pues no, no hubo empotre contra las rocas ni tiburones alrededor sino una hostia como un piano contra el rodapiés del apartamento, que como no está la plastadeturno diciéndole que no ande descalzo, pasa lo que pasa, ¡Ja! ¡Como si lo hubiese visto! (léase en modo madre-coñazo). Y claro, me lo estoy imaginando, debían de estar bebiéndose hasta el agua de los floreros porque lo de ir corriendo por el pasillo y empotrarse contra la pared da qué pensar…¡y mucho!

Me tranquilizo, respiro hondo y le pregunto si el dedo está morado. «No», responde. «Solo hinchado», (nos ha jodido, es que duele, pero para otra ha aprendido). «Pero me duele muchísimo, vamos, un horror, no puedo andar, ¿eh? ¡Necesito unas muletas!». Pongo los ojos en blanco y le explico que el dedo meñique, si se rompe, como mucho se lo unen al otro con dos esparadrapos y se acabó. Me cuenta que es lo que le ha hecho el médico, y que se tome un ibuprofeno y puntopelota. 

Ohmmmm, ohmmmm, vuelvo a pensar que podría ser peor e intento EMPEZAR mi ritmo, que no son ni las 11 de la mañana y el día apunta maneras. Cuelgo la llamada y me entra un mensaje de una llamada perdida mientras comunicaba. ¿Quién podía llamar justo en ese momento? Claaaro, efectivamente. ¡El mecánico! (todos al mismo tiempo, por la ¡Ley de Murphy!), que estaba esperándome ya en el parking para llevarse mi coche y volver a revisarlo. Me voy a tomar un café y, tras 45 minutos de descojone de mis compis al oírme jurar en arameo, viene de vuelta para entregármelo.

¡Cinco litros de agua que llevaba dentro!  No uno ni dos ni tres, ¡cinco! (el que me haga la rima os juro que me lo cargo). Y, sinceramente, estoy pensando que, para las próximas fiestas ya sé dónde llevar el kalimocho o el tinto de verano.  

En fin, que días como hoy merecen una buena entrada. porque puedes tener un día de mierda, pero siempre, siempre, siempre podría ser peor.


9 comentarios:

  1. Tienes razón, siempre puede ser peor, piensa que si vivieses en Galicia en vez de un troncomóvil tendrías un submarino xddd! Ánimo y muchos biquiños!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. En Galicia llueve más veces y más lentamente. Aquí lo de la semana pasada fue el horror convertido en agua. No sé si has visto las imágenes de la estación de Metro, que caían cataratas. Besitos!

      Eliminar
  2. Espero que no me guardes rencor, porque me he reído mucho.
    Dichosos los ojos.
    Besos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Naaaa, si está contado así para quitarle hierro porque si le quito agua...

      Besos!

      Eliminar
  3. Jajajaja perdona, toc.
    Pero podía ser peor y el que no se consuela es porque no quiere.

    Estás viva y el chaval también.

    Muacksssss ❤

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Sí, todos bien y el coche limpio por dentro y por fuera!!! Ha sido como ponerle un enema! jajaja.

      Eliminar
  4. Será un día de mierda, pero te ha dado para una entrada de tomarse una caña en la terraza mientras te acuerdas de todo.
    Un abrazo!

    ResponderEliminar